En un siglo en el que los avances se dan prácticamente a diario, a la nobel de la Paz Malala Yousafzai le preocupa que haya algo que no cambie: los mensajes odio contra ciertas religiones o minorías. Esto, defiende, “es una llamada de atención para todos de que las cosas tienen que cambiar”.

“Las cosas cambian todos y cada uno de los días, pero para ciertas personas hay ideas que no evolucionan, debemos progresar en eso”, afirma la activista (Mingora, Pakistán, 1997) en una entrevista con Efe durante su primera visita a México.

Malala, conocida por su firme lucha a favor de la educación de las niñas, considera que “hay que dar un mensaje realmente claro de que tiene que haber igualdad y respeto a las religiones”.

Como ejemplo, se refiere a aquellas personas que piensan que “todos los musulmanes son terroristas”: “Hay mil 600 millones de musulmanes en este mundo, muchísimos, ¿no se dan cuenta de que si todos fueran extremistas, no habría nadie vivo?”, plantea.

“Hay gente que tiene su propios intereses personales y están usando el nombre del Islam, pero realmente el Islam defiende la paz, la educación”, argumenta.

Malala sabe en propia carne lo que es ser víctima del extremismo. Cuando tenía 15 años, los talibanes detuvieron el autobús en el que volvía de la escuela con otras niñas y le dispararon en la cabeza. El ataque le dejó la sonrisa torcida, pero las ganas de luchar inquebrantables.

Lejos de su país, del que salió poco después del incidente cuando fue trasladada un hospital de Reino Unido, manifiesta que es “muy trágica” la situación que están pasando países de todo el mundo afectados por el terrorismo, especialmente Siria e Irak.

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