En México existen algunas asociaciones civiles que ayudan a los niños con altas capacidades y a sus familias, ya sea con un apoyo extracurricular, una escuela especial o un acompañamiento para encausarlos, pero sobre todo con las pruebas de coeficiente intelectual. Por ejemplo, la Fundación TeleGenio tiene desde 2007 ayudando a niños y jóvenes superdotados con descuentos en los exámenes para determinar su IQ, ya que para ellos el diagnóstico es muy importante, porque es así como los niños comienzan a aceptarse, al comprender que tienen una capacidad distinta a la del resto. “Tenemos varios objetivos: difundir las características de los niños con actitudes sobresalientes, superdotados o con talentos específicos; ayudar al diagnóstico de los mismos, a través de psicólogos en ocho Estados de la República, incluyendo Jalisco; y dar atención, de manera directa o indirecta, porque podemos ser un refuerzo educativo para los niños o podemos canalizarlos con alguna otra institución”, comenta Antonio Rada García, presidente de la fundación. Otra asociación es el Centro de Atención al Talento (CEDAT), que es la fundación que más pruebas realiza en todo el país y se dedica, especialmente, a ser una escuela especial para ellos, con el objetivo de explotar todas sus habilidades e intentar que se queden en el país para que puedan ser un empuje social. “Nuestro objetivo es que los jóvenes y niños tengan una atención diferenciada y puedan tomar clases a su nivel, pero explotando sus talentos”, explica Andrew Almazán Anaya, director del Departamento de Psicología e Investigación. Por otro lado, están los que se inclinan porque los niños convivan en su ambiente natural y capacitan a los docentes para que les den la oportunidad de desarrollarse a sus tiempos y con una guía especial. Dentro de estas fundaciones resalta la de Niños y Jóvenes con Capacidades y Aptitudes Sobresalientes (CASO). “Primero hacemos los diagnósticos, apoyados por terceros (en Jalisco se apoyan en el IMSS).

Después de eso vemos la problemática de cada niño. Hemos ido a las escuelas a pedir apoyo para que les den un método más accesible para ellos. Si las escuelas no quieren apoyar, entonces buscamos maestros particulares”, detalló Liliana García Carranza, presidenta de CASO. Para todas estas fundaciones, lo principal es la detección oportuna de estos niños y el desarrollo de sus habilidades, para que no se pierdan con el paso del tiempo. ¿Cómo contactarlas?

Ofrece tres pruebas distintas, con diferentes precios cada una, y tiene descuentos para personas de bajos recursos. Una vez detectados, acompaña a los niños y jóvenes en actividades extracurriculares. CASO. Sus pruebas son realizadas por instituciones públicas, por lo que son a bajo costo. Ofrece capacitaciones para docentes y padres de familia, además de un acompañamiento para los niños.

Tiene convenios con empresas que permiten a los alumnos realizar prácticas. La afiliación tiene un costo de 300 pesos. CEDAT. No tiene apoyos económicos y trabaja bajo un modelo de colegio especializado en niños. Han hecho investigación en conjunto con Conacyt para tener un parámetro establecido sobre cómo son estos niños y cómo deben ser encaminados. DE DOS A CUATRO AÑOS DE EDAD, EL MOMENTO PRECISO Los niños con altas capacidades requieren ser detectados a edades tempranas, ya que con el paso del tiempo, sin el entorno adecuado, su inteligencia va disminuyendo, además de que llegan a ser víctimas de bullying o diagnosticados con Déficit de Atención e Hiperactividad. “Lo ideal es detectarlos lo más pronto posible, porque podemos incrementar sus capacidades. Pero, además, si un niño desde pequeño está en el sistema que le corresponde, puede evitarse problemas de bullying, de rechazo o de que los mal diagnostiquen y reciban un tratamiento médico que no requieran”, subraya Andrew Almazán Anaya, director del Departamento de Psicología e Investigación del Centro de Atención al Talento (CEDAT). Por otro lado, Ignacio González Burgos, jefe de División del Área de Neurociencias del Centro de Investigación Biomédica de Occidente (CIBO) del IMSS, detalla los problemas psicológicos que estos niños pueden tener: “Por sus capacidades, pueden incurrir en prácticas antisociales y eso es un problema serio, que nos preocupa hasta que lo tenemos encima. Además, el sentirse rechazados los lleva a tener una autoestima baja”.

Según Almazán Anaya, la etapa ideal para someter a los niños a una prueba de IQ, a partir de la sospecha de los padres de que pueden tener un coeficiente superior al normal, es entre los dos y los cuatro años, ya que es cuando su inteligencia puede ser moldeada con mayor facilidad. “Fuga de cerebros” El no tener un modelo de nación en donde este sector de la población pueda desarrollarse y generar mejoras para la sociedad, contribuye al fenómeno denominado de la “fuga de cerebros”, que es cuando las personas superdotadas tienden a ir a otros países para estudiar y trabajar. “No tenemos una política pública que entienda la importancia de la ciencia, la tecnología y la educación superior en el desarrollo de México.

Y, por lo tanto, no sabemos para qué queremos al talento de alta calificación, a los niños y niñas talento, ni qué papel deben jugar en el proyecto de nación porque no lo tenemos claro”, comenta Elia Marúm Espinosa. Resalta que un país no puede desarrollarse si no posee actividades que le den un valor agregado. Y ciertos valores agregados sólo pueden darlos las personas con altas capacidades, en conjunto con un ambiente científico y tecnológico de alto nivel. “Cuando estos jóvenes llegan a la edad de formarse, no hay suficientes empleos ni suficientes áreas en donde su talento pueda desarrollarse. A las universidades se les restringen las plazas laborales, así que es muy poco lo que se puede hacer con retención de talento”. Para Ignacio González Burgos, jefe de División del Área de Neurociencias del Centro de Investigación Biomédica de Occidente (CIBO) del IMSS en Jalisco, son dos los problemas que ocasionan la fuga de cerebros en nuestro país: “Uno es nuestro rezago educativo y, lo segundo, es la falta de oportunidades una vez que egresan.

El rezago educativo es algo muy grave porque no está a la par del progreso del conocimiento de los países desarrollados y, a nivel oficial, se le sigue restando porque los recortes siempre pegan al área de la ciencia y la tecnología”. Marúm Espinosa asegura que la universidad promueve la fuga de cerebros con una movilidad estudiantil mal planeada, en donde se manda al alumno al primer mundo, sin que conozca las oportunidades que hay en su país ni en América Latina. TELÓN DE FONDO Proyecto educativo La Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) anunció la creación del Centro Educativo para Altas Capacidades de Jalisco (CEPAC), que será una primaria pública con la capacidad de atender a 90 niños de primero a sexto grados, así como otros 280, con talleres de talentos específicos. Para ser elegidos, los padres de familia debían solicitarlo. La SEJ recibió más de mil peticiones. Posterior a esto, los niños serían sometidos a pruebas de IQ por la Universidad Complutense de Madrid para saber si tenían 130 puntos o más y poder ser entrevistados. Los admitidos serán dados a conocer en los próximos días y las clases iniciarán en agosto. GUÍA Los indicadores • El niño se interesa en buscar nuevos conocimientos. • Comprende con facilidad la información. • Muestra talento para alguna o varias áreas del conocimiento. • Tiene un vocabulario amplio para su edad. • Genera diversas ideas y soluciones a problemas.

Tiene actitudes que no corresponden a su edad. • Se aburre fácilmente con las tareas diarias.

Cuestionan la autoridad. VOCES Desarrollan al máximo sus capacidades María Alejandra Lazarini Pérez tiene 24 años y acaba de terminar su carrera como Técnico Superior Universitario en Prótesis Dental con un promedio total de 99.74. Dice que desde pequeña le gustó desarrollar al máximo sus habilidades, una característica de aquellos con altas capacidades, pero nunca tuvo la oportunidad de hacer un examen para conocer su coeficiente intelectual. Ella estudió en la Universidad de Guadalajara (UdeG) y asegura que, desde su experiencia, tiene la capacidad para recibir a este tipo de alumnos, gracias a su oferta académica y sus docentes. “Estar dentro de la UdeG te ofrece muchísimas cosas. Una vez que entras, te empiezas a dar cuenta de muchas cosas, desde la cantidad de maestros a los que puedes acceder, la variedad de materias, los intercambios.

Creo que la UdeG puede recibirlos, porque tiene programas educativos muy bien pensados. Creo que si no hubiera de por medio un buen plan de estudios y personal académico calificado, sería mucho más difícil”. Para Alejandra, su promedio no tiene nada qué ver con un gran esfuerzo. “Yo pienso que el hecho de haber entrado a una carrera que a mí me gustaba fue un punto clave.

Creo que el estar interesado en lo que estudias, el amar lo que haces, es súper importante, porque así no tienes que hacer un gran esfuerzo por una calificación, todo se da solito”. Ahora trabaja para algunos odontólogos realizando sus prótesis dentales, mientras continúa sus estudios en la Licenciatura de Odontología, la cual había dejado de lado para estudiar su carrera técnica. Faltan estímulos Paula Ochoa Báez, de 22 años, acaba de terminar su carrera de Leyes en la UdeG, con un promedio final de 99.34. Para ella, la institución tiene múltiples oportunidades para aquellos superdotados; sin embargo, faltan estímulos económicos para evitar la “fuga de cerebros”. “(A la universidad) le hace falta trabajar en el aspecto de los apoyos económicos, porque creo que es una de las razones por las cuales hay una ‘fuga de cerebros’, porque las instituciones públicas no apoyan, generalmente, a las personas superdotadas, pero sí tiene la capacidad, porque tiene programas equiparables con el extranjero”. Cuando estaba en el preescolar, Paula fue adelantada un año, por decisión de sus docentes. Pero nunca tuvo la oportunidad de realizar una prueba para conocer si tenía un coeficiente intelectual más alto al del resto de la población. “Entré a la primaria un año antes, porque mis maestros de kínder consideraron que tenía la madurez para entrar a la primaria. Desde siempre me ha gustado leer muchísimo y mi primer novela en forma la leí a los 15 años y, a partir de ahí, los libros me encantaron. En la preparatoria participé en concursos en muchas ramas del conocimiento”.

Ella atribuye su desempeño académico a “la certeza de estar en la profesión que quería, a lo que me quería dedicar y en la medida en que mis profesores me decían lo que implicaba el desempeño de mi profesión, era lo que me hacía querer conocer más”. Por el momento continuará ejerciendo su profesión, en la cual comenzó cuando tenía 19 años; mientras espera la oportunidad de entrar a una maestría.

gob.mx/

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